¿Te han diagnosticado ansiedad generalizada, pero no te queda demasiado claro de qué va? Me encantaría que te animaras a leer este post, y a pedir ayuda psicológica, porque las personas que la padecen tienden a pensar que es simplemente su forma de ser; sin embargo, no es así necesariamente, y puedes conseguir ser mucho más libre y más feliz con unas cuantas sesiones. ¡Así que aquí va mi charla motivacional!

¿Qué es el trastorno de ansiedad generalizada?

TAG. A partir de ahora lo voy a llamar TAG. Más fácil y más rápido.

Si es tu diagnóstico, ya sabes de qué va. Pero por si acaso, te paso algunos de los criterios de diagnóstico del DSM 5:

  1. Ansiedad y preocupación excesiva (anticipación aprensiva) en relación con diversos sucesos o actividades.
  2. Te resulta difícil controlar esta preocupación.
  3. Puedes tener los siguientes síntomas:
    1. Inquietud.
    2. Facilidad para fatigarte.
    3. Dificultad para concentrarte o dejar la mente en blanco.
    4. Irritabilidad.
    5. Tensión muscular.
    6. Problemas para dormir.

Como ves, en los criterios diagnósticos te hablan de preocupaciones. Pero distingamos dos tipos. Están las “preocupaciones tipo 1”: las normalitas, las que tendría cualquiera, las de “tengo que ir a pagar el recibo de la luz que si no me la cortan”. La luz. Lo que caracteriza el TAG son las “preocupaciones tipo 2”, o metapreocupaciones. Con un nombre así de molón debería ser algo chulo, pero todo lo contrario: es preocuparte porque te preocupas. Algo así como la pescadilla que se muerde la cola. Es justo esto lo que no te deja vivir

¿Por qué te pasa esto?

Bien sea porque te lo han enseñado (¿a quién no le han dicho que consulte con la almohada sus problemas?), lo has visto en casa, o en algún momento de tu vida, la preocupación te ha resultado útil para resolver alguna movida más o menos seria; la ansiedad desaparece, vuelves a sonreír como en un anuncio de pasta de dientes, y todo vuelve a ser de color de rosa. Un primer momento de éxito, y como tal, lo incorporas a tu caja de herramientas de resolución de problemas: preocuparse es bueno. Pero aquí viene  lo malo. Empiezas a aplicar esta herramienta a diestro y siniestro, en cuanto sientes la más mínima ansiedad, porque recuerda que ya has aprendido que preocuparse es bueno, resuelve problemas; encima, la ansiedad parece que baja al hacer esto: te preocupas, y te sientes mejor. Aunque solo sea un ratito (cada vez será menos tiempo, y las preocupaciones irán comiendo terreno). Has aprendido a preocuparte como forma de evitar la ansiedad. Ahí ya la fastidiamos.

¿Qué puedes hacer?

Desde esta página, que no deja de ser de divulgación, solo puedo recomendarte herramientas básicas: cuida los tres pilares del bienestar (sueño, ejercicio y alimentación); practica con frecuencia alguna técnica de relajación; y pide cita. En serio. Es posible que tengas normalizada esta forma de vivir, pero te aseguro que puedes ganar en calidad de vida y en felicidad si acudes a terapia.

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