Las quejas de problemas atencionales en la depresión son muy frecuentes, y a veces son el motivo por el que una persona se decide a venir a consulta. ¿Es tu caso? ¿Quieres saber qué puedes hacer? Te animo a seguir leyendo.

Síntomas de la depresión

Dentro de los posibles síntomas de la depresión (siguiendo el DSM 5, por supuesto), encontramos:

  1. Estado de ánimo deprimido (este es muy de cajón).
  2. Disminución del interés y el placer en lo que se hace.
  3. Pérdida o aumento del peso o del apetito.
  4. Insomnio o hipersomnia.
  5. Agitación o enlentecimiento.
  6. Pérdida de energía.
  7. Sentimiento de inutilidad o culpa.
  8. Disminución de la capacidad para pensar, concentrarse o tomar decisiones.
  9. Pensamientos de muerte recurrentes.

Como ves, los problemas atencionales en la depresión pueden ser sintomáticos.

“Es mi caso, ¿qué puedo hacer?”

Lo primero y principal: ten paciencia. Dado que es un síntoma, mientras que estés deprimido o deprimida, tu atención estará haciendo cosas raras, así que no te machaques.

No te compares con tu yo del pasado, porque solo conseguirás poner el foco aún más en el rendimiento de tu atención. Resultado asegurado: mantener tu mala opinión sobre tu rendimiento. Un ejemplo: la atención es un proceso automático (muchas veces), como conducir o montar en bici; si te pones a prestar atención a cómo haces cada una de las partes que componen el acto de conducir, seguramente te pilles muchos más errores que si dejas que el piloto automático funcione. Así que lo dicho: pasa de comparaciones.

Adapta las actividades que hacías antes a tu rendimiento atencional actual. Si no te concentras para leer un libro, prueba con novela gráfica. Si no eres capaz de ver una película entera, empieza con alguna serie. Si tienes alguna tarea altamente demandante, descomponla en pasitos sencillos, y ponte poco a poco; postergarla (siempre que sea posible) tampoco es mala idea.

Trabaja activamente por cambiar el foco: si ves que estás dándole vueltas a lo lenta que te va la cabeza, o a que no te enteras, redirige tu atención de nuevo al entorno. ¡Deja de rumiar! Y esto, cada vez que te descubras haciéndolo (con cariño y paciencia, por supuesto).

Ve a terapia. Dado que los problemas atencionales son sintomáticos de la depresión, cuanto antes soluciones lo que te pasa, antes volverás a sentirte a gusto con tu rendimiento cognitivo.

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