El nivel de crítica al que se enfrentan las personas que comparten su trabajo en redes sociales es elevadísimo. Tal vez sea por el hecho de exponer determinados aspectos de su vida como forma de marketing, o porque todos y todas nos sentimos súper valientes en el mundo “sin consecuencias” de detrás de una pantalla. Pero lo cierto es que cada vez que alguien comparte algo de su trabajo en redes sociales, el aluvión de opiniones y críticas gratuitas que le cae encima es de traca.

Pongo un par de ejemplos:

  • Abraham Menéndez ( @abetheapedeco en Instagram), un ilustrador y ceramista con un increíble y refrescante sentido del humor – además de talentoso y original – , colgó hace relativamente poco el mensaje de una seguidora en el que manifestaba su profunda decepción al no contestar él a sus mensajes. Parece que las personas que tenemos un trabajo “x” y utilizamos las redes sociales para difundirlo estuviéramos obligadas a rendir pleitesía a cualquier ser humano que decida hablarnos, además, de forma inmediata. Es tan surrealista como que te enfades con la persona que te atiende en el mercado porque no te contesta a tus preguntas sobre su vida personal EN SU PUESTO DE TRABAJO. A esto hay que sumar que, como la mayor parte de seres humanos, este señor tiene su horario de trabajo, de descanso, su ocio, su familia, sus amistades… Y su derecho constitucional a no contestar si no le da la gana, y a no estar currando 24/7 por el mero hecho de tener una cuenta en una red social en la que cuelga su obra. Y si crees que esa persona, por exponer su trabajo al público debería estar disponible cuando tú quieras, te sugiero algo fácil: hazlo tú.
  • Carlos Ríos ( @carlosriosq en Instagram), nutricionista, SÍ, EL DEL REAL FOOD, colgó una foto patrocinada por determinada marca de arroz. Comida real, narices, a fin de cuentas. Esa publicación tuvo dos cosas chulas: la primera, que la marca iba a destinar los beneficios a acciones a favor del medio ambiente, que mola; lo segundo, que el prota/dueño de la cuenta/ influencer/nutricionista quiere destinarlo a la limpieza de las costas. Y lo ilustra con una foto de él recogiendo basura de la playa con una bolsa. Olé él y su bolsa. Y aquí se lía: desde “anda que vas a recoger mucho con esa bolsa tan pequeña”, “lo que tienes que hacer si te preocupa el medio ambiente es dejar de comer carne”, pasando por “no creo que vayan a destinar el 100% de los beneficios”, o “lo que hay que limpiar son los ríos”. Que no es que tengan más o menos razón, que ahí no entro. Es que el profesional está mostrando un determinado producto que va a hacer trabajo medioambiental Y está limpiando la playa mientras tú estás sentadito o sentadita sobre tus nalguitas criticando. Por la cara. Y si tú harías las cosas de otra forma, o podrías abarcar más obra social o medioambiental, ya sabes: hazlo tú.

Ojocuidao que no me estoy refiriendo a la crítica a los y las influencer que viven de hacer publicidad de otras marcas en sus redes. Estoy hablando de personas que tienen un trabajo concreto (ilustrador, nutricionista en los ejemplos que he dado arriba) y que utilizan las redes para promocionarlo. No es que a las personas del primer grupo tengamos que lincharlas, pero sí es cierto que son casos diferentes.

¿A qué puede deberse esta saña?

  • Crees que os conocéis, cuando no es así. Los y las profesionales que tenemos cuentas en redes compartimos solo lo que queremos compartir, acorde a nuestra marca, y solemos ser muy celosas y celosos de nuestra vida privada.
  • Crees que tu opinión es más importante o acertada que la suya, y que estás legitimado o legitimada para hacérselo saber. Pero como dice La Vecina Rubia, “cuando tu opinión sea una croqueta, la tomaré”.
  • O todo lo contrario: no tienes ni idea del tema, pero crees que la obligación de esa persona es hacer pedagogía ipso facto y sin cobrar.
  • Crees que esa persona te debe algo por seguirle en redes sociales. Volvemos a la diferencia con los y las influencers: no cobran porque tú les sigas, sino por su trabajo, muchas veces en régimen de autónomos, que están publicitando en determinadas plataformas digitales. Ya está. Te estás chinando con una valla publicitaria…
  • Tienes unas expectativas irrealmente elevadas depositadas en el comportamiento de una persona a la que no conoces. Cuando “falla” (que no es que falle, ¿eh?), te decepciona y se lo haces saber. Como si tú pudieras controlar algún comportamiento que no fuera el tuyo…

En resumen, todos estas conductas dañinas e hirientes, parecen motivadas por los juicios que puedas estar haciendo… Y ya deberías saber lo que opina esta psicóloga de los juicios. Así que cada vez que veas que alguien promociona un servicio o un producto, en lugar de criticar piensa si podrías hacerlo tú. Si puedes, ya sabes: hazlo tú. Sin embargo, en la mayor parte de los casos será un no rotundo, así que reconoce el esfuerzo y el mérito.

Este artículo es de opinión, así que no creo que haga falta que me ayudes a ayudar a otras personas compartiéndolo… Pero si te apetece, ¡adelante!