Si tienes un familiar con depresión, habrás comprobado cómo se ha aislado, está menos comunicativo, no hace nada divertido, y está muy triste y negativo. Posiblemente estés notando cómo esta situación afecta a toda la dinámica familiar; y a su vez, en mayor o menor medida, te estarás dando cuenta de que el papel de la familia es muy importante para la evolución del afectado.

Si quienes rodean a una persona con depresión ven su trastorno como si fuera causado por mera debilidad de carácter, falta de voluntad o entienden que se trata simplemente de desánimo, harán que dicha persona se sienta incomprendida, por lo que se encerrará aún más en sí misma, empeorando tanto los síntomas como su recuperación.

¿Quieres saber cómo puedes ayudar a un familiar con depresión?

Cuídate tú para poder cuidar mejor

Al igual que en un avión, si hay una situación de emergencia, primero debes utilizar la mascarilla tú y después ponérsela a los niños. Cuando alguien de tu entorno está deprimido, debes procurar estar en las mejores condiciones físicas y psicológicas posibles. Hacerlo es más o menos sencillo:

  • Distánciate de vez en cuando para evitar sentirte mal. Puedes hacer algo agradable o divertido. Si necesitas más tiempo para encontrarte algo mejor, mantén un contacto diario con tu familiar deprimido.
  • Encárgate de tus asuntos. No siempre des prioridad absoluta a las necesidades de los demás.
  • Reúnete con amigos y familiares, y disfruta.
  • Ten unos hábitos de vida saludables: el ejercicio físico, la alimentación variada y equilibrada y dormir bien son básicos para poder enfrentarnos a cualquier dificultad.
  • Ríete. Queda con personas divertidas, ve una comedia, busca vídeos graciosos en Internet…
  • Desecha la culpa. ¡Si disfrutas de tu vida, podrás ayudar mejor!
  • Si la depresión de tu familiar te afecta más de lo que puedes gestionar, busca ayuda profesional.

¿Cómo puedes ayudar a un familiar con depresión?

  • Ayúdale a fijar metas realistas, para que no asuma grandes responsabilidades que quizás no pueda abarcar.
  • Divide los objetivos en pequeños pasos, y deja que vaya a su ritmo.
  • Acompáñale, a no ser que te diga abiertamente que quiere hacer las cosas solo.
  • Estimúlale a hacer cosas que le resulten gratificantes y requieran poco esfuerzo.
  • Anímale a hacer ejercicio físico, e incluso, ve con él.
  • Recuérdale que el estado de ánimo no cambia de la noche a la mañana, que no hay que desesperarse.
  • Intenta que posponga las decisiones importantes que deba tomar.
  • Refuerza, reconoce y aplaude los pequeños logros.
  • A medida que vaya mejorando su estado de ánimo, ayúdale a volver a sus actividades previas.
  • Si verbaliza autocríticas o pensamientos negativos y muy desesperanzados, intenta cambiarlos por otros más positivos.
  • Sé cariñoso, tanto de forma verbal como no verbal. A veces bastará con sentarte a su lado en el sofá.
  • Intenta mantener las vías de comunicación abiertas, aunque tu ser querido no se muestre muy colaborador.

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