Afortunadamente, vivimos en una sociedad en la que se nos insiste sobre la importancia de hacer ejercicio físico; y desde la Psicología también somos partícipes de esta difusión, en la medida sirve para la promoción de la salud y el tratamiento o la prevención de cualquier enfermedad (física o mental)

¿Por qué es bueno (psicológicamente hablando) realizar ejercicio físico?

Además del hecho de aumentar el balance de salud, disminuir el riesgo de enfermedad y tratarla, psicológicamente el ejercicio físico es bueno por dos motivos principales:

  • Se segregan endorfinas (las comúnmente llamadas “hormonas de la felicidad”), que te hacen sentir mejor casi automáticamente.
  • Sirve como distracción de las preocupaciones y pensamientos negativos. Así, al tener la mente más descansada, te encuentras mejor.

Empezar a hacer ejercicio físico: primeros pasos

1. Elige cuidadosamente dónde vas a entrenar. Ten en cuenta los objetivos que te hayas marcado, la calidad de tus entrenadores o monitores (en caso de que recurras a ellos) y la proximidad respecto a tu casa o centro de trabajo (si entrenas lejos, es más probable que lo termines dejando).

2. Busca alguna actividad que te divierta. Prueba cosas nuevas, desde remo hasta bailes de salón. ¡Todo vale!

3. Ve poco a poco. No pretendas entrenar durante dos horas seguidas dos días en semana, porque eso sólo te traerá frustración, desmotivación y abandono cuando veas que te has puesto el listón demasiado alto.

4. Ten claro por qué entrenas. Da igual si es por salud, estética, funcionalidad, por la recomendación de un especialista, para conocer gente, ligar, relajarte… lo que sea. Sólo tú sabes por qué quieres hacer ejercicio realmente. Si solo incorporas motivaciones externas, es más probable que flaquees.

5. Lleva un registro de las actividades que haces y tus logros. Poner las ideas negro sobre blanco siempre viene bien para comprometerse con ellas, mejorar lo que sea necesario y que la motivación no decaiga. Si te sirve también, lleva un registro fotográfico (no hace falta que lo cuelgues en las redes sociales…) para tener “pruebas” de cómo va cambiando tu cuerpo a medida que vas entrenando. Pésate. Mídete. Anota el peso máximo que has levantado. Cuánto tiempo has corrido. Cuántas repeticiones has logrado hacer. Y lo más importante, fíjate en cómo mejoras.

6. Planifica tus entrenamientos como una más de tus rutinas diarias. Si dejas el ejercicio físico a expensas del tiempo libre que tengas, es probable que termines por saltártelo más veces de las que sería recomendable.

7. Vigila lo que te dices. El diálogo interno es importante para conseguir cualquier objetivo. Si tu cabeza te manda mensajes del tipo “para qué, con la edad que tengo”, o “jamás se me han dado bien los deportes”, o “soy una persona torpe”, las probabilidades de abandono se multiplican exponencialmente. Fíjate en las cosas que sí haces bien, en las que te divierte hacer, y ¡reconócetelas!

8. Prémiate por cada uno de los logros conseguidos. Si es la primera vez que haces algo de ejercicio, date un capricho por haber ido a entrenar; después, por cada semana que cumplas el plan, cada quince días, cada mes, etc. Así asociarás el ejercicio físico con cosas positivas, no sólo con el esfuerzo.

Si lo deseas, puedes ayudarme a ayudar a otras personas a empezar a hacer ejercicio físico compartiendo este artículo:

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