El estigma de la enfermedad mental, los prejuicios y la discriminación de las personas afectadas por este problema son fenómenos sociales, pero cuentan con un marcado componente individual, que es el que puedes cambiar.

Es habitual que en las primeras consultas los pacientes se muestren preocupados por saber si están “locos”. Solemos tener la imagen de un enfermo mental parecida a la que representó Goya en su Corral de Locos, pero lo cierto es que esto dista mucho de la realidad. Nuestra percepción sobre estas personas está mediada por sesgos culturales, tales como pensar que los deprimidos son unos vagos sin fuerza de voluntad, las personas con ansiedad no tienen autocontrol o todos los esquizofrénicos son violentos.

Debemos pararnos a analizar que esto no es cierto y estamos cometiendo el error de atribuir unos rasgos de personalidad específicos a una persona que padece una enfermedad. Es como si pensáramos que todos los diabéticos tienen sobrepeso por el hecho de tener diabetes. No debemos caer en este tipo de equívocos.

La base del estigma de la enfermedad mental

El miedo a la “locura” apareció tempranamente en nuestra historia como especie. Miedo a la propia locura, y a la ajena, por lo que pronto comenzó la marginación de las personas con enfermedades mentales, que eran abandonadas a su propia suerte o bien internadas en “centros especializados”, donde sufrían todo tipo de privaciones y abusos que difícilmente mejoraban su condición.

Por suerte, esta concepción del tratamiento de los enfermos mentales cambió. Desaparecieron los manicomios, las unidades de salud mental se integraron en los diferentes sistemas de salud, comenzaron a compartir edificio con el resto de especialidades médicas; la psicofarmacología y las terapias psicológicas avanzaron en el tratamiento de los diferentes trastornos mentales…

Sin embargo, a pesar de los intentos de normalización por parte de importantes sectores de la población, un área de brutal influencia parece que va poco a poco desmontando todo lo logrado: los medios de comunicación.

La facilidad con la que los medios ofrecen como explicación a cualquier conducta desviada la existencia de una enfermedad mental dificulta que quienes la tienen puedan librarse de su sambenito, lo que no ayuda a que el resto de la sociedad deje de marginarlos. Es cierto que los enfermos mentales suelen tener comportamientos raros, o desviados de la norma social; sin embargo, no todas las conductas antisociales se deben a una enfermedad mental. Dicho de otra forma: todos los pulgares son dedos, pero no todos los dedos son pulgares.

¿Cómo puedes ayudar a hacer frente al estigma de la enfermedad mental?

  1. Sé crítico con lo que lees, ves y escuchas. Entiendo que vivir con la incertidumbre de no saber por qué una persona es capaz de estrellar voluntariamente un avión te cause desazón, pero aferrarte a la primera explicación que te dan y creértela a pies juntillas puede que no te esté acercando a la verdad. No sabes si esa persona estaba enferma, los síntomas que tenía o si intervinieron otros factores que también podrían explicar el desastre.
  2. La información es poder. Lee, pregunta, ve documentales especializados. Empieza a derrumbar tus propios prejuicios.
  3. No rehúyas o temas a las personas que tienen enfermedades mentales. Según algunas estadísticas, una de cada cuatro personas tendrá una enfermedad mental a lo largo de su vida, así que seguro que conoces a alguien que ha estado en esta situación. Relaciónate con él o ella intentando ver más allá de su diagnóstico, sus síntomas o los efectos secundarios de la medicación. Descubre a la persona que hay detrás, con sus virtudes, defectos, fortalezas y debilidades, que la hacen única, al igual que a ti, más allá de una simple etiqueta.

El miedo a la locura, a lo desconocido y los prejuicios que tenemos sobre las personas con enfermedad mental pueden llevarnos a alejarnos de ellas, a pesar de que nuestro papel puede ser clave en su recuperación. Así que, a partir de ahora, ¿por qué no luchas también contra el estigma de la enfermedad mental? Sé positivo. Ayuda en lo que puedas para que puedan integrarse en la sociedad. Corrige las ideas preconcebidas de quienes te rodean. Predica con el ejemplo. Las personas que padecen enfermedades mentales, sus amigos y familiares te agradecerán la esperanza que les das y el respeto que muestras.

Si quieres saber más sobre el estigma de la enfermedad mental y cómo puedes ayudar a nivel individual, te recomiendo que veas los siguientes videos:

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