Vivir en grupo ha supuesto una clara ventaja evolutiva: ha garantizado la supervivencia de la especie a muchos niveles. Sin embargo, los tiempos cambian, las relaciones cambian, y es posible que te hayas dado cuenta que tu familia (o algún miembro en concreto) no te hace bien. Decides finalmente alejarte física o emocionalmente, luchando contra los convencionalismos sociales, y te encuentras mejor. Sin embargo, la culpa te persigue. ¿Crees que necesitas una ayudita? Te invito a seguir leyendo.

De relaciones tóxicas y otras historias

Si buscas en Google “relaciones tóxicas” te vas a encontrar millones de entradas, que seguramente ya habrás ojeado antes de acabar leyendo esto. Desde la Psicología, esto de las personas tóxicas no es un término clínico. Una persona no es tóxica en sí, sino que te produce determinadas emociones o te lleva a actuar de ciertas formas. La bondad o la maldad de las conductas solo se podría juzgar (si es que las juzgas) en función de sus consecuencias. Prefiero quedarme con algo un poco más científico: esa persona (o personas) y tú habéis aprendido a relacionaros de una forma que te produce emociones negativas, y determinados comportamientos que no te gustan, metiéndote en un bucle de porquería del que no sabes cómo salir.

El control que tú puedas tener sobre la conducta de otra persona adulta es limitado. Aparte de pedir cambios de forma explícita (echando mano de toda la asertividad que tengas), y administrar consecuencias a los comportamientos indeseados de forma congruente (“cada vez que me saque este tema, le voy a decir que me molesta, y a mirarle con cara de enfado”, así, como ejemplo tonto), poco puedes hacer tú.

Sin embargo, hablamos ya de otro nivel. Te has distanciado de ese familiar, o de toda tu familia porque, a pesar de pedir cambios y de ser congruente con cómo quieres que te traten, no se eliminan esas emociones negativas. Bien. Seguramente ya has pasado un periodo de alegría y tranquilidad bastante curioso, que te debe hacer pensar que vas por buen camino… Pero bien sabes que no se acaba aquí.

¿Qué hago con la culpa?

  1. No eres una mala persona, ni un desagradecido o desagradecida por distanciarte. Esa persona te vistió, te pagó los estudios, te ayudó, te cuidó, te consoló, o lo que haya hecho por ti a lo largo de vuestra historia en común. Eso no lo olvidas, por supuesto, y es posible que sea por ahí por donde te haya venido algún ataque en la desesperación que siente la otra parte por la pérdida de la relación. Agradece, ten en cuenta, y si te sirve, devuelve cuidado con cuidado, o afecto con afecto.
  2. Claramente, hubieras podido hacer las cosas de otra forma. Tú y la otra persona. En cualquier sentido; es decir, si tu padre te machaca desde hace años porque no le gusta tu profesión, en lugar de callarte y creerte a pies juntillas lo que te decía, podrías haberte puesto a bailar sevillanas. Siempre hay alternativas, como ves, aunque sean pintorescas. Pero tú actuaste de determinada forma llevándote bien por tus aprendizajes previos, bien por la reducción de daños a corto plazo (que no te siga dando la barrila), o bien por el miedo. Sea por lo que sea, no conozco a nadie que elija un comportamiento pensando en cómo fastidiarse la vida a medio y largo plazo, así que no seas tan cruel contigo mismo o contigo misma. Elegiste lo que elegiste porque creías que era lo mejor. Estás en tu derecho a cambiar de opinión y de comportamiento, aunque los condicionantes externos sean los mismos.
  3. Dudo que exista el amor incondicional, ni siquiera hacia un hijo o una hija. Que eso (tan intangible) sea la base de las relaciones familiares es un timo. Pasa lo mismo que con los mitos (timos) del amor romántico: quien bien te quiere, no te hará llorar. Es posible que paséis desavenencias, claro, pero no que tengáis una relación tortuosa a lo largo de toda vuestra historia. El amor se construye a diario, en base a intercambios reforzantes (cosas buenas, para que me entiendas), y si no existen, ese amor puede perder fuelle o desaparecer. Y no es tu culpa, porque no eres la única persona que está en esa relación. Además, se supone que ya has pedido cambios de conducta, y que has intentado hacer las cosas de otra forma. Si no cuaja, si no te sientes querido o querida, no tienes por qué seguir exponiéndote a más dolor solo porque se supone que es tu familia y tenéis que quereros y llevaros bien.

Ni que decir tiene que es una experiencia muy difícil, porque estás desafiando convencionalismos, pero piensa en por qué lo haces. Dejar de exponerte a situaciones que te hieren, que te cuestan tu autoestima y que te agotan es posiblemente lo más adaptativo que puedas hacer.

Hay una vida a tu medida detrás de todo esto, así que ¡empieza a construirla!

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