Tienes un familiar que ha sobrevivido a un ictus. Sin embargo, has pasado de la euforia inicial por conservarlo a tu lado a observar algunas dificultades en el día a día. En este artículo te facilito algunos consejos para adaptarte a esta nueva situación y ayudarle a recuperarse.

El cerebro es el órgano que regula nuestra conducta, y en el que residen las funciones superiores, tales como la memoria, la atención o la capacidad de planificar. Después de un ictus, y siempre dependiendo de las áreas cerebrales implicadas, las secuelas pueden ser de lo más variadas.

Seguramente, tras el alta hospitalaria, varios profesionales han evaluado ya las funciones alteradas y preservadas tras el ictus: neurólogos, fisioterapeutas, logopedas, neuropsicólogos… Habrán hecho sus recomendaciones: medicación, terapia ocupacional, fisioterapia, rehabilitación cognitiva, etc. Y ya te estarás familiarizando con esta jerga. Sin embargo, podrías encontrarte con problemas en casa que nadie te haya enseñado a resolver, o que no te atreves a preguntar. Sigue leyendo para saber cómo afrontar estas dificultades.

Disminución de la velocidad de procesamiento

Queja número uno: «está más lento que antes» o «parece que le cuesta trabajo pensar».

  • Resume la información que le das al paciente y dásela más despacio. Por ejemplo, si vais a organizar una cena en casa, ve paso a paso (precalentar el horno, sacar la vajilla buena, comprar las bebidas, etc.) para no abrumarle con demasiada información.
  • Nunca le metas prisa. Esto sólo provocará ansiedad, estrés y frustración. Empieza a ignorar el reloj en determinadas circunstancias. Es decir, si lo importante es que determinadas cosas se hagan, independientemente de la hora, relaja la presión. Disfruta del proceso, aunque quizás tengas que empezar con los preparativos una hora antes.

Alteraciones en la atención

Queja número dos: «no se entera de las cosas».

  • No pretendas que fije la atención durante demasiado tiempo. Entre 15 y 20 minutos en una tarea está bien.
  • Recuerda la importancia de los descansos. Cinco minutos cada veinte de trabajo es un buen promedio.
  • Controla los distractores: si lo que tienes que decirle, o lo que está haciendo es importante, apaga la televisión.
  • claro y concreto. Dar explicaciones durante media hora es una buena forma de asegurarte de que pierda el hilo de lo que le has dicho, así que no lo hagas.
  • Ayúdale para que se fije en la información importante. Es clave para poder ver películas: hazle preguntas o comentarios acerca de la trama, los personajes, etc. Esto también servirá para redirigirle la atención.
  • Fíjate en las señales de fatiga (se mueve en la silla, mira para otro lado, etc.). Enséñale a detectarlas.
  • Cuando se canse, cambia de actividad, o parad cinco minutos.

Fallos en la memoria

Queja número tres: «se le olvidan las cosas».

  • Intenta que sean pocas las cosas de las que se tiene que acordar.
  • Si tiene que acordarse de mucha información, al menos, intenta que esté organizada. Haz la lista de la compra por pasillos, por ejemplo.
  • Crea (o refuerza) las rutinas diarias para que sepa qué tiene que hacer en cada momento. Por ejemplo: comprar el pan cuando vaya a recoger a los niños al colegio.
  • Usa lo que los neuropsicólogos llamamos «ayudas externas«, como almanaques, agendas, post-its de colores, alarmas en el móvil… Y haz que comprobarlas forme parte de la rutina diaria.

Cambios emocionales

Queja número cuatro: «se le ha agriado el carácter» o «salta por tonterías».

  • Fíjate en qué circunstancias salta: a lo mejor hay una pauta (ciertas personas, lugares o momentos del día en los que está más susceptible). Si es así, puedes controlarlo.
  • Ante la más mínima manifestación de enfado, intenta redirigir su atención a cosas agradables. Hazle reír, enséñale alguna foto linda del móvil, cuéntale algo divertido…
  • Evita las confrontaciones cuando esté en el punto álgido del enfado. Si es necesario, sal de la habitación.
  • No vas a solucionar nada si tú también te enfadas.
  • Si quieres hablar de lo que ha pasado, espera a que se calme e intenta ser constructivo. Plantea alternativas al enfado en caso de que la situación se repita.

El ictus se supera mejor con capacidad de adaptación y cariño

Estos son sólo algunos trucos para facilitar la convivencia en casa y que los esfuerzos por la recuperación del paciente den buenos frutos. Os dejáis la piel a diario buscando la mejoría. Sin embargo, a pesar de las dificultades, no pierdas de vista que es tu familiar. Tu padre o madre, hermano o hermana, marido o mujer, abuelo o abuela. Os queréis. Por mucho que yo hable del paciente, para ti no es un paciente. No es tu obligación tratarlo, sino cuidarlo, quererlo y protegerlo. Disfruta de su compañía, diviértete con él, adapta vuestra relación a las nuevas circunstancias, pero sin dramatismos.

Si ya no podéis ver películas juntos, enganchaos a alguna serie. Si está contrariado porque no puede leer novelas, regálale algún libro de relatos cortos o una novela gráfica. Si se frustra, cómetelo a besos. Ved fotos antiguas, recordad momentos especiales. Salid con amigos. Quedad con la familia. Aprended cocina exótica juntos… ¡Hay tantas cosas buenas y divertidas por descubrir! Quizás ahora sea también tu momento para aprender a disfrutar la vida de otra forma.

En el siguiente enlace puedes encontrar otros consejos para cuidar a un familiar que haya sufrido un ictus.

Ayúdame a ayudar a otras personas compartiendo este artículo: