Las y los influencers están por todas partes. Afortunadamente vivimos en la era de la información, y desde nuestros teléfonos podemos acceder al contenido que mejor nos venga. Pero esto también es un arma de doble filo, porque como en todas las disciplinas, puede haber cierto intrusismo u oportunismo que a fin de cuentas pueden fastidiar tu salud mental. Si te apetece saber cómo poder reconocer una fuente fiable en Psicología, te invito a seguir leyendo.

El problema de la Psicología

La Psicología es la Ciencia que estudia el comportamiento humano. Así tal cual. Y como todos y todas los que nos asomamos a las redes sociales somos personas, todos y todas “entendemos” de comportamiento, o al menos, algo sabemos sobre el nuestro, lo que hace que sea muy fácil que tengamos una opinión sobre determinadas cuestiones. En resumen: la cantidad de todólogos y todólogas que te puedes encontrar es elevada.

Además, se une la cuestión de que la Psicología aún no es una Ciencia unificada. Hay psicólogos y psicólogas aplicando terapias humanistas, que utilizan posicionamientos filosóficos, no experimentales, para el tratamiento (si es que se le pudiera llamar así) de las patologías.

Es decir, tenemos dos frentes abiertos: el primero, en casa, con profesionales que aplican métodos no contrastados empíricamente (¿te tomarías una pastilla que no se hubiera comprobado que funciona, y es más, que no sabes si te va a causar efectos secundarios?); el segundo, fuera, con personas que opinan sin ser especialistas.

¿Cómo detectar la magufada o la falta de rigor?

  1. La persona que escribe, fotografía, o recomienda: ¿es psicólogo o psicóloga? Si la respuesta es que sí, vas bien. No es que tenga nada en contra de periodistas, coaches u otro tipo de terapeutas escribiendo artículos y ofreciendo sus servicios, pero a la hora de hablar de salud mental es como comparar el curro de tu fisioterapeuta con el masaje que te dan en la cabeza en la peluquería.
  2. El psicólogo o psicóloga, ¿está en activo? Es decir, ¿pasa consulta o investiga, o lo ha hecho muy recientemente? Escribir libros de divulgación basados en otros libros de divulgación, por muy psicólogo o psicóloga que se sea, es la misma historia de antes; y si esa persona se dedica a esto, y a dar charlas motivacionales, suena más a producto de publicidad y marketing que a profesional de campo. Ponerse la bata (quien se la ponga) de vez en cuando, acerca a la realidad; y leerse algún artículo o algún libro especializado es básico.
  3. Esta persona, ¿tiene conocimientos actualizados? Si se tituló en los ochenta y lo único que ha hecho después es pasar consulta cuatro o cinco años para ponerse a calentar sillas de platós y a firmar libros, los conocimientos de esa persona están obsoletos.
  4. La psicóloga o el psicólogo, ¿te habla de aceptación, y de conductas a cambiar, o se enfoca en que, teniendo pensamientos positivos, podrás conseguir lo que quieres? Si es más lo segundo que lo primero, huye. ¿Utiliza términos como “pensamientos limitantes”, “resonar”? Ídem. Y cuidado con los prefijos “psico” y “neuro”, que se ponen a cualquier cosilla para que suenen serios, por ejemplo: programación neurolingüística, psicocoaching. Tú lo lees y dices “copón, no lo entiendo del todo, tiene que ser bueno”. Pues no: alerta de magufada.
  5. Para hablar de la bondad de sus técnicas, este o esta profesional ¿se basa en SU experiencia y lo deja claro, o en métodos empíricamente validados de tratamiento? Porque en Psicología también existe el efecto placebo, e ir recomendando estrategias que “a ti te han funcionado” ante determinado problema no implican que sean eficaces ni efectivas.

En caso de duda, te dejo el enlace a la lista de pseudoterapias que el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar hizo el año pasado. Aunque estén en dos grupos, no te recomiendo ninguna que aparezca en la lista. Tal cual. Igualmente, esta información te puede servir para cribar la credibilidad de la fuente que estés consultando, así como a la hora de elegir en manos de qué profesional pones tu linda cabecita.

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