Tras la sentencia del juicio de “la manada”  se nos ha quedado un regusto terrible en las entrañas. En el caso de que nos violen, hagamos lo que hagamos, no sirve para nada: ya sea porque te resistes y te matan, o que no te resistes y no te creen.

LA INDEFENSIÓN APRENDIDA

La indefensión aprendida es un concepto clave en depresión. Los primeros experimentos venían a constatar que cuando se administraban descargas eléctricas a ratas (de forma que los animales no podían controlar ni predecirlas de ninguna forma) terminaban desarrollando comportamientos parecidos a los de la depresión.

¿QUÉ IMPLICACIONES TIENE LA TEORÍA DE LA INDEFENSIÓN APRENDIDA EN ESTE CASO?

Las mujeres, con la sentencia de “la manada”, sacamos la siguiente conclusión: hagas lo que hagas, te van a violar igual si es lo que quieren (es decir, te resistas o no, no puedes controlar las consecuencias negativas). Esto, unido al aprendizaje vicario o por observación (“¿para qué voy a denunciar si lo de esta chica no ha servido para nada?”),  lleva a que te quedes inmóvil, aterrada, arrinconada y sin capacidad de reacción. Se agrava la visión negativa e incontrolable del mundo y del futuro, y puede empezar la espiral descendente hacia la depresión.

¿QUÉ PUEDES HACER PARA SENTIRTE MEJOR?

Para contrarrestar los efectos de la indefensión aprendida hay que actuar en varios frentes:

  1. Sé consciente de que no es tu responsabilidad. Moverte en las lagunas cenagosas de los “y si” puede llevarte a sufrir innecesariamente. Acepta que hay cosas que no se pueden controlar, y acepta que tú, en ese momento, actuaste de la mejor manera posible.
  2. Tú no has hecho nada malo. No te juzgues.
  3. Tu ira, tu angustia, tu tristeza, tu asco y tu vergüenza son legítimos. Exprésalos. No intentes inhibirte para no ser una exagerada ni una histérica, porque, como dijo Jung “a lo que te resistes, persiste”. Vive tus emociones.
  4. Tienes derecho a volver a tu rutina. No hay nada mejor que moverte en la predictibilidad de lo cotidiano para que tu cerebro y tu corazón encuentren algo de paz.
  5. Asume que el dolor vendrá en oleadas, pero que aun así, puedes seguir disfrutando de muchos momentos. Las emociones negativas y positivas no son incompatibles. En consulta siempre pongo el mismo ejemplo para ilustrar esto: ¿nunca has estado en un velatorio, y te has alegrado enormemente de volver a ver a ese primo que vive lejos, o esa tía con la que no tienes nunca tiempo de quedar? Pues pasa igual. Puedes estar rota de dolor, y aun así sentir amor, alegría, diversión…
  6. No te enganches con pensamientos y deseos de venganza. Todo lo que ha pasado, está en el pasado y ya no existe. Centrarte en la venganza solo te lleva a quedarte ahí, enganchada en el pasado, y te impedirá avanzar.
  7. Cuídate, come sano y haz deporte. Somos un organismo completo, intenta compensar que no estás bien por dentro cuidándote “por fuera”. Además, segregarás endorfinas, ¡que nunca están de más!
  8. Rodéate de otras mujeres con las que compartir tu rabia, tu frustración y tu esperanza. En estos casos, la compañía en un entorno seguro, y la sororidad van a tener un efecto balsámico en tu malestar.
  9. Empodérate, trabaja tu autoestima, ya sea con o sin ayuda. Y cuando lo consigas, ayuda a otras mujeres.
  10. Plantéate objetivos vitales, y esfuérzate a diario para conseguirlos. No hay nada mejor contra la inmovilidad y el sentimiento de incontrolabilidad que ser proactiva y ser “quien parte el bacalao”.

¿A qué esperas para tomar las riendas?

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