La ansiedad es como un monstruito que se alimenta de adrenalina. Ante una situación de peligro, tu cerebro manda un chute, y ese monstruito que normalmente está hibernando, se despierta. Otras veces es el propio monstruo el que te da miedo, por lo que vuelves a segregar adrenalina, y logras justo lo que no querías: despertarlo.

La ansiedad es una reacción automática que te prepara para enfrentarte a una amenaza. El problema es que (a veces) cuando se despierta el monstruo, pasas más tiempo intentando conseguir que se duerma que neutralizando lo que lo ha despertado.

¿Qué puedes hacer?

  1. Céntrate en lo que te provoca ansiedad.
    1. ¿Son tus propias sensaciones físicas? Provócalas con suficiente frecuencia como para habituarte a ellas.
    2. ¿Son tus pensamientos? Busca explicaciones más realistas.
    3. ¿Son determinadas situaciones? ¡Enfréntate a ellas!
  2. Céntrate en cómo respondes a la ansiedad.
    1. Conductualmente: deja de evitar o de escapar de situaciones. Quédate, enfréntate. No te va a pasar nada.
    2. Fisiológicamente: para disminuir las reacciones que te manda tu cuerpo lo primero que tienes que hacer es asumir que, si lo dejas en paz, el monstruito vuelve a dormirse. Si necesitas algo más de ayuda en momentos agudos, practica técnicas de relajación, como la respiración abdominal.
    3. Cognitivamente: puedes mandarte callar (amorosa y compasivamente), y redirigir tu atención, ya sea a algún distractor externo o a alguna imagen mental agradable.

¿Qué me dice mi experiencia?

  • La ansiedad no desaparece. De hecho, no debería ser el objetivo de ninguna intervención, dado que es una emoción sana y natural que ha permitido la supervivencia del ser humano, y seguramente a ti te haya ayudado a solucionar más de un problema en tu vida.
  • Practicar técnicas de relajación o meditar a diario es la mejor vacuna. Cuanto más bajo sea tu nivel de activación de base, más difícil será que llegues a un pico de ansiedad difícil de controlar o tolerar.
  • Acepta las situaciones en las que sientes ansiedad y prepara planes y autoinstrucciones para antes, durante, y después de haberte enfrentado a ellas.
  • A veces, cuando te enfrentas a la ansiedad parece que “cambia de vestido”. Es decir, que cambian las situaciones que la provocan, o cambian las manifestaciones. No te agobies, ¡no significa que hayas empeorado o recaído!
  • Si te encuentras mal siempre puedes excusarte un momento, ir al baño, hacer unos ejercicios respiratorios y volver.
  • Nadie ha muerto de un ataque de ansiedad, ya te puede decir la vocecita de tu cabeza lo que ella quiera.
  • La ansiedad puede ser muy limitante, así que pasa de magufadas, de pseudociencias, y recurre a psicólogos clínicos o sanitarios.

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