¿Alguna vez has tenido un ataque de pánico? ¿Sabes de qué va? Si te apetece conocer algo más sobre qué son y por qué se originan, te invito a seguir leyendo.

¿Qué es un ataque de pánico?

Lo característico de un ataque de pánico es (cito textualmente el DSM 5, que para eso está) la aparición súbita de miedo o malestar intenso. Cuando digo intenso es INTENSO. Brutal. De la leche. No es un pico de ansiedad porque te hayan atracado en la calle o te hayan dado una mala noticia (que tampoco es que mole). No. Es otra cosa totalmente diferente.

Dentro de las cosillas que puedes experimentar (todas súper chulis y súper divertidas, tela de alarmantes pero completamente inocuas) están:

  1. Palpitaciones.
  2. Sudoración.
  3. Temblores o sacudidas (como espasmos).
  4. Dificultades para respirar o sensación de asfixia.
  5. Sensación de ahogo.
  6. Dolor o molestias torácicas.
  7. Náuseas o malestar abdominal.
  8. Sensación de malestar, aturdimiento, inestabilidad o desmayo.
  9. Escalofríos o sensación de calor (como sofocos).
  10. Hormigueos.
  11. Desrealización o despersonalización (o ambas).
  12. Miedo a perder el control o a volverse loco o loca.
  13. Miedo a morir.

Mola, ¿eh? Y lo más divertido es que, con todas estas señales tan escandalosas, no te está pasando nada.

¿Por qué me ha dado un ataque de pánico?

Aquí vienen las malas noticias: los ataques de pánico ocurren por el mero hecho de que pueden ocurrir. Ninguna de las hipótesis explicativas que manejamos es capaz de recoger toda la casuística de los primeros ataques de pánico, aunque por mi experiencia te puedo decir que suele ser tu cuerpo mandándote señales. Es decir, pueden aparecer en periodos prolongados de mucho estrés (laboral, emocional, familiar, económico), y deberías interpretarlos como una pista para parar y reevaluar el momento vital que estás atravesando.

¿Qué puedo hacer?

Parafraseando a Paris Geller en Las Chicas Gilmore, “don’t panic, but if you do, don’t panic” (que sería algo así como “no entres en pánico, pero si lo haces, que no te entre el pánico”).  Puede parecer una obviedad, ofensivo o algo tonto, pero es así. Si aceptas que es posible que estés teniendo un ataque de pánico (tras el susto inicial, que sí reconozco que es desagradable), no te dejes arrastrar. Respira. Bebe un vaso de agua. Sal a que te dé el aire. Si estás con gente, discúlpate un momento, recomponte y vuelve a la situación. Si estás con alguna persona de confianza, dile que no te encuentras bien, y pídele ayuda para distraerte.

Los dos puntos clave a tener en cuenta son que a) aceptes que no te está pasando nada; b) que tras recomponerte, vuelvas a lo que estabas haciendo lo antes posible.

Un par de consideraciones finales:

  1. Por favor, por favor, por favor, no te autodiagnostiques a raíz de este artículo. Si tienes dudas sobre si has tenido o no un ataque de pánico, pide cita.
  2. Este artículo está escrito partiendo de la base de que estás sano o sana. Hazte revisiones médicas, tómate la tensión, hazte analíticas (incluyendo hormonas), etc. con regularidad.

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