Los pensamientos intrusivos son impulsos, imágenes o pensamientos recurrentes que se viven como no deseados y crean elevada ansiedad y malestar. Es normal intentar ignorarlos, suprimirlos o neutralizarlos con algún otro pensamiento o conducta para disminuir el malestar que provocan. Sin embargo, a veces esto no es suficiente. ¿Quieres saber cómo librarte de ellos?

Principales tipos de pensamientos intrusivos

Los teóricos han intentado establecer una jerarquía de los temas más frecuentes, y estos suelen girar en torno a:

1) Suciedad y contaminación, que suele esconder el miedo al contagio de enfermedades.
2) Agresiones o daño a otras personas.
3) Necesidades de orden y simetría en el entorno
4) Temas religiosos, sobre todo respecto al castigo de los posibles pecados.

¿Cómo afrontar los pensamientos intrusivos?

A continuación, te explico distintas cosas que puedes hacer:

  • Parada o aplazamiento del pensamiento intrusivo. Esto es: dite en voz alta «¡para!» cada vez que te des cuenta que te has enganchado en alguno de estos pensamientos que tanto te hacen sufrir. O ponte en plan peliculero y haz como Escarlata O’Hara y dite «ya lo pensaré mañana», cada vez que aparezcan.
  • Practica la atención plena. Si te concentras consciente y voluntariamente hasta en el más mínimo detalle de lo que estás haciendo en el momento en que te asaltan los pensamientos intrusivos, verás cómo desaparecen. En consulta pongo siempre el ejemplo de fregar los platos, que es una actividad cotidiana que seguramente tengas muy automatizada y a la que apenas prestas atención mientras la realizas. Es muy normal que en ese momento tu cabeza viaje y se ponga a pensar en determinadas cosas que te hacen sufrir. Pues lo que tienes que hacer es sencillo: concéntrate en todos y cada uno de los movimientos que haces, en las sensaciones que tienes (el olor del lavavajillas, el tacto del estropajo, la temperatura del agua… todo vale), hasta el más mínimo detalle. Si vuelven los pensamientos, redirige tu atención hacia lo que estás haciendo cuantas veces sea necesario.
  • Distráete. Es imposible dejar la mente en blanco, así que busca algún recuerdo o imagen que te dé paz. Una de las más enternecedoras que conozco es acerca del primer día de playa del hijo de una paciente, imagen a la que volvía cada vez que quería distraerse de sus pensamientos intrusivos.
  • Exponte a los pensamientos intrusivos, es decir, no te resistas a ellos. Llévalos de vez en cuando hasta las últimas consecuencias, a todo aquello que te da miedo y te niegas a pensar porque te angustia y te hace sufrir. Esto tiene dos finalidades: la primera, que te acostumbres a ellos; la segunda, que veas hasta qué punto son absurdos.
  • Exponte a los disparadores de los pensamientos en el caso de que sean claros. Es decir, si te preocupan la suciedad o la contaminación, deja los cacharros sin lavar un día entero, o no te laves las manos nada más llegar a casa.
  • Documéntate. Busca información fidedigna acerca de las probabilidades reales que tienes de que te pase eso que tanto temes, que suele ser lo que esconden los pensamientos intrusivos. Así, cada vez que aparezcan, tendrás datos con los que confrontarlos.

Para saber más sobre los pensamientos intrusivos te recomiendo que veas el siguiente vídeo:

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