El hábito de posponer, dejar para mañana, lo que te toca hacer para ponerte con tareítas más fáciles o agradables es actuar directamente en contra de lo que quieres hacer con tu vida a corto, medio y largo plazo.

La postergación puede manifestarse de diferentes formas: dar muchas vueltas para hacer algo;  preocuparse mucho, pero sin hacer nada; no avanzar hasta que las cosas no estén perfectas, y quedarte encerrado o encerrada en el principio de las tareas; no aprovechar el tiempo; hacer tareas imprevistas o innecesarias… Además de terminar convirtiéndose en costumbre, este pequeño vicio termina dificultando que te pongas las pilas para hacer las cosas, al generar emociones negativas asociadas con la tarea: culpa, pereza, ansiedad, sentimientos de inutilidad, etc. Esto, a medio y largo plazo puede derivar en problemas de autoestima de diferente calado.

¿Qué problemática me suelo encontrar en consulta?

Todos y todas posponemos las cosas en mayor o menor medida, esto es así. El problema viene cuando la tarea postergada es importante para la consecución de tus objetivos. Así, en consulta, las tareas que se suelen posponer son:

  • Aquellas relacionadas con la creación de hábitos: ejercicio físico, alimentación saludable, horarios de estudio, responsabilidades cotidianas…
  • Las que tienen que ver con la consecución de los objetivos terapéuticos, es decir, las “tareas” para casa que se suelen mandar para que la persona mejore.

En ambos casos, y teniendo en cuenta las diferencias individuales, parece que la persona está esperando el momento perfecto, caído del cielo, sin dificultades ni emociones negativas, para ponerse las pilas y hacer su parte del trabajo. Alerta de spoiler: esto NO PASA JAMÁS.

¿Por qué se posterga, y qué puedo hacer para evitarlo?

Las causas que pueden estar detrás son:

  • Lo que tienes que hacer te importa poquito o nada. Para neutralizar esto, te recomiendo un par de estrategias: o planificar esa tarea para el principio del todo, o premiarte por habértela quitado de encima (ojo, que no son incompatibles).
  • Que no sean tus metas, sino las de otra persona. Por ejemplo: dejar de fumar o hacer dieta porque tu pareja te lo pide. Aquí la solución es sencilla, y pasa por plantearte qué quieres hacer, y por qué.
  • Perfeccionismo: es muy frecuente encontrarme a gente que no quiere aprender a hacer cosas nuevas porque no lo van a hacer bien, por lo que finalmente deciden quedarse en casita, en su zona de confort de mi**da, lamentándose por no tener una vida mejor. Sin embargo, ¡durante el aprendizaje no hay errores! Además, es mucho más frustrante no hacer nada, que meter la pata, así que da el primer paso y empieza con la tarea; conseguirás motivación y confianza… Y recuerda que la perfección está en el conjunto, no en todos y cada uno de los pasos microscópicos que hay que dar para lograr las metas. (En consulta siempre pongo el mismo ejemplo: cuando miras un cuadro de lejos, su belleza te sobrecoge; sin embargo, si te acercas lo suficiente, puedes ver cómo el pintor o la pintora ha ido corrigiéndose, sobreponiendo las pinceladas).
  • Miedo a la evaluación negativa: me suelo encontrar a personas que, a pesar de haber hecho sus tareítas para casa, haberme rellenado los autorregistros, etc., cuando se los pido para echarles un vistazo y discutirlos, automáticamente saltan con “es una porquería”. Ponen el parche antes de que salga la herida por miedo a que les juzgue (cosa que, a no ser que esté escrito con heces humanas, no suelo pensar, claro está). Si esto es lo que te pasa a la hora de llevar a cabo tus tareas, concéntrate en lo que tienes que hacer, tu objetivo es aprender y quitarte carga de curro, así que ¡tira pa’lante! Verás cómo el miedo va diluyéndose.
  • No saber cómo hacer las cosas. Esta es fácil: busca información, estudia, o pregunta a expertos.
  • No saber cómo gestionar la tarea por su extensión o complejidad. Otra de las fáciles: descompón en pasitos.
  • Malas habilidades de gestión del tiempo. Prioriza tus tareas, de forma que te quites primero de encima lo más importante.
  • Tienes un ocio que no te satisface, o no descansas lo suficiente. No eres una máquina de currar, así que empieza a planificar tu día teniendo en cuenta que también tienes que cuidarte un poquito. Lo que suelo decir en consulta es que no se deje jamás el ocio a expensas del tiempo libre, porque si no, te invadirá la pereza y te quedarás en el sofá.
  • Anteponer las necesidades de todo el mundo a las tuyas. Otra sencilla más: prioriza, delega o renuncia temporalmente a realizar alguna tarea para centrarte en las que sí son importantes para ti.
  • Tener baja tolerancia a la frustración: la última, y además, otra de las fáciles. Una vez que ya has pasado la barrera de ponerte con la tarea, persiste, verás que no sólo disminuye la posibilidad de hacerlo mal, sino que empezarás a sentirte mejor.

¿Crees que me he dejado algo en el tintero? ¿Qué es lo que hace que tú procrastines?

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