Es muy frecuente que papás y mamás acudan a consulta preocupados por las rabietas de sus hijos. En este punto la intervención es mucho más delicada y sistemática, pero sigue leyendo si tu hijo o hija está empezando a tenerlas y quieres saber cómo atajarlas a tiempo.

¿Qué es una rabieta?

Una rabieta es una reacción casi explosiva ante emociones negativas, normalmente asociada a sentimientos de frustración. Suele manifestarse con llantos, gritos y todo un abanico de conductas que parecen destinadas a poner a los adultos de los nervios, como tirarse al suelo o no querer moverse del sitio.

Lo que frustra a un niño puede ser desde una auténtica nimiedad (no querer ponerse el abrigo) hasta cosas “objetivamente” molestas (un cambio de planes repentino o tener que dejar de hacer algo que le gusta).

Las rabietas forman parte del desarrollo normal. Es como el niño va explorando los límites de su interacción con el mundo que le rodea. Pueden verse incluso como conductas adaptativas, sanas y normales. Mira el lado positivo: a través de las rabietas tu hijo aprenderá a tolerar la frustración y a gestionar sus emociones negativas.

¿Qué debemos hacer?

Si tu hijo ha empezado ya a manifestar rabietas, estas sencillas pautas te pueden ayudar a prevenirlas:

  1. Hay que poner normas y límites, explicados claramente y adecuados para la edad de tu hijo.
  2. Las instrucciones deben ser claras y concisas. Es mucho más difícil entender “pórtate bien” que “no tires los juguetes al suelo”: esta segunda opción es objetiva y no deja lugar a la interpretación.
  3. Ignora las conductas inadecuadas o que no quieres que se repitan.
  4. Atiende, reconoce y celebra las conductas adecuadas.
  5. Los niños y las niñas comprenden mejor si les damos las instrucciones en positivo. Esto es, “en casa se habla bajito” es mejor que “no chilles”.
  6. Explica las consecuencias que tiene lo que hace (ya sean conductas adecuadas o inadecuadas). Esto ayudará a tu hijo a comprender que el mundo es un lugar predecible.
  7. Ofrece alternativas a la rabieta, como por ejemplo, dar un paseo, cantar una canción, o simplemente hazle reír.
  8. En caso de que estés en alguna circunstancia especial (un cumpleaños, un viaje, una celebración), sé flexible, tanto con las normas que hayas establecido, como con las expectativas que tengas sobre el comportamiento de tu hijo. Es normal que esté más caprichoso, nervioso, llorón, que quiera llamar la atención…
  9. coherente con tu comportamiento y cumple tus propias normas. Es imposible pedirle al niño que haga cosas que no haces, o que no haga lo que te ve hacer constantemente.
  10. constante.

Con amor y centrándote en reconocer y recompensar las conductas que quieres que se repitan verás pronto el cambio.

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