Las trampas de las que hablo en este artículo están basadas en el trabajo de G. Nardone sobre las psicotrampas: la repetición rígida de lo que nos ha funcionado en el pasado para resolver problemas actuales. En principio, esta estrategia estaría bien, pero puede que una situación concreta esté motivada por diferentes circunstancias, así que necesitaría soluciones diferentes. Los seres humanos, sin embargo, tendemos a pensar que si una estrategia no funciona es porque no la hemos aplicado con suficiente convicción, así que ahí vamos, intentando derribar paredes a cabezazos…

Estas trampas que nos ponemos solitos y solitas, no son más que conductas totalmente normales y adaptadas, pero que repetimos sin tener en cuenta otros factores, o las usamos en otros contextos diferentes a aquellos en los que fueron útiles.

CONOCE LAS TRAMPAS PARA NO CAER EN ELLAS

Como ya hemos visto, no son más que formas rígidas del pensamiento. La solución general es prácticamente una acrobacia: tomar conciencia de que somos a la vez quienes actuamos y quienes dirigimos nuestro contenido mental. Es más fácil de lo que parece, ¡lo prometo!

  1. Expectativas

Esperar fervorosamente que algo ocurra lleva inequívocamente a la desilusión y la decepción. Seamos realistas: ¿cuándo fue la última vez que algo fue exactamente como lo deseaste? Nunca, ¿verdad? Para no amargarnos la vida, lo mejor es intentar ver el mundo desde el prisma de los demás, y no aferrarse a ningún punto de vista para poder así aumentar nuestras posibilidades de elegir opciones a medida que avanzamos.

  1. Sobrevalorar el conocimiento

¡Grábate en el encéfalo que saber de algo no es sinónimo de poder controlarlo! Mándate callar cuando intentes consolarte con razonamientos que no te tranquilizan…

  1. El razonamiento perfecto

“Todo se puede solucionar pensando con lógica”, ¿no? ¡Ojalá! Explícaselo a una persona con miedo a volar: a pesar de que es un hecho de que es el medio de transporte más seguro, y de que es totalmente consciente de ello, no deja de pasar el quinario en cada viaje… Así que la solución que mejor puede venir a este fallo pasa por aprender a gestionar nuestras ideas irracionales, nuestras emociones y lo que hacemos.

  1. Lo siento, luego existe

El archiconocido razonamiento emocional: lo siento así, luego es cierto. ¡Arsa! ¿Cuántas veces utilizamos nuestras sensaciones (más o menos vagas) como fuente indiscutible de la verdad? Además, para rizar el rizo, nos fijamos sólo en la información congruente con nuestra opinión, por lo que es súper difícil que nos aferramos con más fuerza al error… Aquí la solución es fácil: ¡reflexionar!

  1. Pensar en positivo

Parece que las nuevas filosofías de la escuela de la galleta de la fortuna nos obligan a creer que el pensamiento optimista es capaz de influir positivamente en el destino… ¡Ojalá! ¿Cómo solucionarlo? Debemos intentar mantener a raya nuestras ilusiones voluntarias, porque ya deberíamos tener claro que por mucho que pensemos algo, no se traduce en cambios físicos en el entorno.

(Ojo: pensar en positivo sí da resultados cuando ya se han tenido experiencias de éxito, por lo que en el fondo, lo que estamos haciendo es confiar en nuestras capacidades y recursos evidentes).

  1. Coherencia a toda costa

Cuidadito, porque si la premisa es errónea, aunque el razonamiento sea correcto y coherente, los resultados pueden ser desastrosos. Piensa en esas personas que creen a pies juntillas que hay que ayudar siempre a los demás, cómo de quemadas están… Para poder librarnos de esta forma de pensar que puede dañarnos, lo mejor es aceptar que no siempre somos coherentes, y dejar de hacer juicios de valor respecto a nosotros mismos, los demás y el universo en general.

  1. Sobrevaloración e infravaloración

Este error se puede dar en los juicios que hacemos respecto a nosotros mismos (maximizando nuestros errores y minimizando nuestros éxitos), o respecto a los demás, marcando de forma prácticamente arbitraria las diferencias entre el endogrupo (el bueno, al que pertenecemos) y el exogrupo (los otros, los demás), como ocurre en los distintos fanatismos. ¿La solución? Fácil, rápida y sencilla: no juzgar, y ponernos en la piel de los demás para poder ampliar nuestras propias perspectivas.

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