La depresión es un trastorno del estado de ánimo, que solemos asociar a estar todo el día llorando, y muy tristes. Sin embargo, no es lo único que la caracteriza. ¿Quieres saber un poco más? Te animo a seguir leyendo.

Tipos de síntomas en la depresión

Como cualquier otro cuadro, la depresión es compleja, y no hay enfermedades, sino enfermos. Esto es: cada persona la manifiesta de una forma, aunque hay ciertos síntomas comunes:

Síntomas anímicos: van desde la tristeza y la irritabilidad, al nerviosismo y la angustia. Los sentimientos de abatimiento, pesadumbre, infelicidad y vacío también son bastante frecuentes.

Síntomas motivacionales y conductuales: la mezcla de apatía, abulia (falta de fuerza de voluntad) y anhedonia (falta de disfrute) llevan a la persona a la inhibición conductual, esto es, no hacer nada. Pasarse el día en la cama (sin dormir necesariamente) o en el sofá, dejar de hacer las cosas que antes le gustaban, e incluso llegar a descuidar la higiene personal.

Síntomas cognitivos: además de ciertas formas muy específicas de pensar (las distorsiones cognitivas o pensamientos automáticos negativos), las personas deprimidas también tienen la sensación de que tienen la atención y la memoria fritas, y que piensan más lento de lo habitual.

Síntomas físicos: pueden ser tanto insomnio como hipersomnia (lo contrario), comer más de la cuenta o no hacerlo en absoluto, cansancio, disminución en el interés y la actividad sexual, diversas molestias físicas (dolor de cabeza, de estómago…), e incluso vértigo.

Síntomas interpersonales: las personas con depresión terminan aislándose de su entorno.

¿Qué puedo hacer para encontrarme mejor?

Si te has sentido identificado o identificada con la sintomatología expuesta arriba, te recomendaría que pidieras cita con un especialista. Si vas a tu médico de familia, lo más probable es que te recete alguna medicación para aliviar los síntomas y/o que te derive al servicio de psiquiatría. Si prefieres recurrir a un psicólogo o psicóloga (¡hola!) el abordaje será muy otro.

Sin embargo, hay ciertas cosas que puedes empezar a hacer para sentirte mejor:

  1. Dúchate, lávate los dientes y vístete a diario.
  2. Come, aunque sea a base de puchero, gazpacho y cremas de verduras.
  3. Haz ejercicio físico como mínimo tres veces a la semana. Sé que no te apetece, pero vale la pena hacer el esfuerzo: ¡verás lo bien que te encuentras después!
  4. Deja de pelearte con las cositas que te dices. Tus pensamientos no son más que eso, palabras. No les otorgues más importancia de la que tienen.
  5. Retoma el ocio que hayas dejado de lado; me sirve desde que vuelvas a hacer bricolaje a que vuelvas a apuntarte a clase de inglés.
  6. Acepta tus emociones negativas, verás cómo pasan más rápido.
  7. Muestra agradecimiento a las personas de tu entorno que están cuidándote y pendientes de ti; intenta verlas al menos una vez en semana.
  8. Evita hablar de lo mal que te encuentras, y si te preguntan, responde rápidamente y cambia de tema.
  9. Cuando notes que tu cabeza empieza a dar vueltas repasando errores pasados, o con cualquier otro pensamiento circular, con todo el amor y toda la paciencia que tengas, mándala callar y concéntrate en lo que estés haciendo en ese momento.
  10. Es normal que te sientas con más energía por la tarde que por la mañana, así que aprovecha esos momentos para hacer las cosas que te hacen sentir bien.

¿Crees que estos consejos te serán útiles?

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