Todos tenemos ciertas supersticiones, costumbres o rituales que creemos asociados a un resultado positivo, o a evitar uno negativo. ¿Cuándo hay que preocuparse?

¿Qué es una superstición?

La definición exacta sería: “la creencia de que un evento influye en otro sin estar esta relación demostrada”. Los ejemplos más típicos (y en los que caemos todos) son:

  • Soplar las velas de la tarta de cumpleaños para que se nos cumpla el deseo que acabamos de pedir.
  • Buscar tréboles de cuatro hojas.
  • No pasar por debajo de escaleras.

¿Cómo empiezan las supersticiones?

Piensa en tu “camiseta de la suerte” (vale también un vestido, unos zapatos, un complemento, etc.). Seguramente la primera vez que la llevabas, algo te salió bien: ligaste, encontraste dinero, te dieron una buena noticia, te libraste de una multa, o lo que sea. Tu cerebrito ha aprendido que es esa camiseta la que ha determinado el éxito (o te ha evitado el castigo), por lo que empezarás a ponértela cada vez que te enfrentes a una situación importante, para salir bien parado. Sin embargo, lo más probable es que al ponerte la “camiseta de la suerte”, cambies tu actitud o tu conducta: actúes con mayor seguridad, sonrías más, seas más positivo, tengas más paciencia… Es decir, no es “la camiseta”, ¡eres tú cuando te pones la camiseta lo que te trae suerte!

¿Por qué somos supersticiosos?

Las supersticiones existen en todas las culturas, por lo que deben cumplir una misión importante:

  • Dan sensación de control sobre los acontecimientos.
  • Disminuyen la sensación de indefensión e impotencia.
  • Economía cognitiva: es mucho más sencillo llevar a cabo una conducta supersticiosa que aprender habilidades de afrontamiento.

Además, ciertas personas con un locus de control externo necesitan las supersticiones para entender por qué le ocurren las cosas, que nunca será por su propio comportamiento, sino por factores ajenos.

¿Cuándo puede traerte problemas una conducta supersticiosa?

  • Si perder tu amuleto (o sólo pensarlo) te provoca mucha ansiedad.
  • Si tu rendimiento (en exámenes, el trabajo o socialmente) empeora por el mero hecho de no llevar tu amuleto o hacer tu ritual.

¿Qué puedes hacer para evitar las conductas supersticiosas?

  1. Toma el control de tu vida.
  2. Sé proactivo.
  3. Atrévete a tomar decisiones y llevarlas a cabo.
  4. Aprende a controlar tu ansiedad de otra forma, no con rituales o amuletos: practica técnicas de relajación o aprende a meditar.