En muchas publicaciones se dan trucos para iniciar una conversación; sin embargo, una vez aplicadas las fórmulas en cuestión, te das cuenta de que no sabes qué más hacer… Te dejo unas pistas a continuación, así que te animo a seguir leyendo.

Normalmente no sólo queremos iniciar una conversación, sino saber cómo mantenerla, y para ello hay varias estrategias:

  • Haz preguntas de lo más general a lo más personal, y de lo más cerrado (sí/no) a lo más abierto. Por ejemplo, en la sala de espera de la consulta, podrías decir a quien esté sentado a tu lado: “¿llevas mucho rato esperando?”, y a medida que la conversación avance, llegar a “¿y cómo has conocido a esta psicóloga?”.
  • Escucha lo que te dicen. Es muy típico (sobre todo si estás nervioso) estar más pendiente de lo que vas a decir tú a continuación, o en lo que crees que la otra persona está pensando sobre ti, que de la propia conversación. Respira, focaliza, y mantente atento a tu interlocutor.
  • Da algo de información sobre tus gustos, opiniones, aficiones… Más allá de lo que te pregunten.
  • Cambia de tema cuando veas que hay un silencio demasiado largo. Aquí es donde aparecen los benditos clichés: cine, literatura, viajes, naturaleza… Intenta adaptar el discurso a todas las audiencias, porque por mucho que seas experto en literatura rusa del siglo XIX, el resto del mundo no lo es, y puedes llevar la conversación a un punto muerto.

¿Cómo profundizar en la conversación?

  1. “Conversaciones de ascensor”: esto es, frases hechas y demás convenciones sociales, como el tiempo.
  2. Comenta hechos más o menos sencillos y recientes. La paz en la franja de Gaza es un gran tema, pero no para la cola del súper.
  3. Da alguna opinión, así la persona con la que hablas podrá hacerte más preguntas, o algún comentario.
  4. Expresa tus sentimientos, pero sólo cuando hayas transitado bien por los tres niveles anteriores, para no parecer una persona fría o con poco interés en intimar. Las primeras veces no hace falta revelar nuestras emociones más profundas, basta con un “vengo de muy buen humor, porque he encontrado aparcamiento a la primera”.

Espero que estos consejos te sirvan de ayuda, y acéptame un último: ten siempre preparados un par de temas a los que recurrir. Así que no dejes que te ganen la partida los nervios, ¡y disfruta charlando!

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