La ansiedad y el miedo son la misma emoción; solo se diferencian en la intensidad, frecuencia y duración de los síntomas, que (en el caso de la ansiedad) crea muchísimo malestar. ¿Quieres saber cómo afrontarla?

El miedo se ha mantenido a lo largo de la evolución debido a su utilidad. Nos ha protegido como especie, preparándonos para dos cosas que han garantizado nuestra supervivencia: luchar o huir.

Por suerte, pocas veces nos encontramos con situaciones en las que haya que desempeñar estas conductas. El problema es que, si sufres ansiedad, sobreestimas el peligro. Así, terminas evitando lugares, situaciones, e incluso sensaciones corporales (como tus propios latidos cardíacos), sometiendo tu vida y tu felicidad.

¿Qué puedes hacer?

  • Aprende a relativizar. Realmente las cosas no son tan terribles, ni sus consecuencias tan catastróficas como te dice tu cabecita.
  • ¡Ignora los mensajes negativos que te mandas! Tu voz interior no calla, pero eso no quiere decir que tengas que escucharla, ni que lo que te diga sea absolutamente cierto.
  • Muévete en términos de preferencias. Es decir, no es que sea horrible tener un ataque de ansiedad, sino que tú prefieres no tenerlo. ¡No te va a pasar nada malo más allá del propio pico de ansiedad!
  • Exponte a las situaciones, lugares y sensaciones que evitas. Vuelve a tomar café (¡si es un gustazo!), ve a salas de conciertos, haz ejercicio… ¡Verás que no te pasa nada tan terrible como crees!
  • Lo contrario a la ansiedad es la relajación, así que empieza a practicar alguna técnica específica. Verás los resultados en seguida.

Notarás que con estos pequeños cambios, mejoras. Sin embargo, si necesitas un pelín más de ayuda, ¡pídeme cita!

Si quieres, ayúdame a ayudar a otras personas con ansiedad compartiendo esta publicación.

 

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+